
Ya a puras penas recordarás quien soy, aunque si hay algo que bien te caracteriza, es tu buena memoria, a parte de muchas otras cosas...
Soy aquella a la que veías cada mañana y con una sonrisa tempranera decías "Buenos días", esperabas la respuesta y con un guiño de ojo abrías la puerta, me dabas paso y después te dirigías a tu puesto de trabajo.
Soy aquella a la que llamabas "mía", no por celos ni por posesión, sino por el simple hecho de sentirla más cerca y de paso... yo me sentía cada vez más cerca de tí.
Mantenías las distancias con todos, te hacías respetar, pero yo era...para tí especial y eso se percibía en el ambiente.
¿Cuánto tiempo ha pasado ya? 4, 5 años, ¿o quizá más? no lo sé, no quiero pensarlo, prefiero creer que todo fue un sueño, pero no un sueño cualquiera, sino el más especial de todos, pero ahora que pienso, cada día que pasa te echo más de menos..
¡Qué raro fue todo! EL primer día que cruzaste por la puerta de clase llamaste la atención de todo el mundo, sobre todo la de las chicas, tan decidido, tan sereno, tan..atractivo...
Te deseé cada noche, te busqué en cada rincón de mis sueños, y te encontraba, siempre terminábamos abrazados, desnudos, jadeantes, sudorosos, tu actitud conmigo me daba a ver que podría ser correspondida perfectamente...por eso te encontraba..
Nunca antes, cuando había conocido a algún chico, había sido todo tan intento...tan bueno...tan perfecto, per tú eras diferente al resto de la gente.
Pero ya sabemos, la vida tiene preparada para cada uno su camino, y el nuestro, desde un primer momento, se sabía que no era el de estar juntos para siempre.
Ahora se me vienen a la cabeza un montón de cosas, sobre todo, de aquella excursión a Benidorm, ¿Te acuerdas? ahí fue donde empezó todo...
EL primer dia, nada más llegas, mis amigas y yo soltamos las maletas en la habitación del hotel, nos enfundamos los bikinis, cogimos las toallas, cremas y demás y nos bajamos a la playa. Cuando llegamos a ella, nos quitamos la ropa y nos tumbamos en nuestras toallas. No tardamos en meternos en el agua, el calor era insoportable, pero tan pronto me metí, como me salí a tomar el sol. Noté que alguien me observaba, pero no veía a nadie que me estuviese mirando hasta que en uno de los giros de mi cabeza te allé a unos metros de mí, callado, fumando un cigarrillo mientras tus ojos me recorrían entera, sentí como si me estuvieras desnudando..
Te acercaste para colocar tu toalla al lado de la mía, no había nada de malo, a parte de que tú fueras mi pofesor en el instituto, también éramos como amigos, e hiciste lo más normal del mundo, pero a mí eso me puso mu nerviosa.
Pasamos toda la mañana hablando y ya en el medio día, mis amigas dijeron de irse a tomar unas cervezas, yo preferí quedarme en la playa y tú, te quedaste conmigo.
De vez en cuando nuestras manos se rozaban, cosa que hacía que mi corazón se acelerara.
Me preguntaste que si tenía hambre, y al recibir mi respuesta, cogiste tu camiseta, te la pusiste y te fuiste, momento que aprovechó un muchacho que andaba por allí, para acercarse a mí.
Cuando llegaste y viste al chico, le dijiste que yo era tu novia y que no tenía nada que hacer, entonces se levantó y se fué. Yo me quedé boquiabierta...¿tu novia? creí que te habías vuelto loco.
Traías comida. Una fuente de pescaito frito, una ensalada, refrescos, agua y unos flanes de postre.
Quise pagarte la mitad de todo, pero insististe en invitarme, y acepté, pero con la condición de que la cena de la noche la ponía yo.
Recuerdo ese dúa cada vez que parpadeo pues fuiste el único hombre que me empezó a tratar como una verdadera mujer.
Comimos y pasamos la tarde tumbados el uno junto al otro, con la charla, con la sonrisa, clavados el uno junto al otro.
A la noche, como mis amigs iban a salir con unos chicos que habían conocido, pensé que mejor sería que cenáramos en casa y así evitábamos que nos vieran otros profesores o algún que otro alumno indiscreto. Preparé algo de cenar (en realidad lo único que hice fue el postre ya que el resto lo pedí por teléfono). LLegaste a buscarme antes de lo que yo esperaba, por lo que me pillaste sin arreglar.
Estabas muy guapo, tan arreglado, tan elegante...Me regalaste una rosa blanca que coloqué encima de la mesa con agua.
Esperaste en el salón mientras me vestía, mis amigas me habían preparado un vestido negro, largo, descubierto por la espalda, con un escote enorme y unos zapatos con unos taconazos de infarto que no se veían gracias a que el vestido los tapaba.
Al verme, tu boca se abrió, pegaste tu mano derecha al corazón y me dijiste " Ahora sé lo que es que te duela el corazón. Estás tan bonita que deslumbras a la luz" Me sonrojé y me puse tan nerviosa, que no "atinaba" ni a encender las velas.
Puse la mesa, estuvimos cenando, hablamos de nosotros, de relaciones, de sexo... supongo que el vino se nos subió a la cabeza antes de tiempo.
Al llegas la hora del postre, me levanté y me llevé los platos a la cocina. Saqué el cava del hielo y las fresas de la nevera. Me detuve un momento a suspirar cuando noté unas manos que me abrazaban por la cintura y unos besos en mi cuello.. Si te soy sincera, me asusté, no creía que te fueses a lanzar por mi edad y por nuestra situación..tú mi profesor, yo tu alumna.
Me dejé llevar, yo quería fundirme contigo, ser un solo ser, aunque sabía que no llegaríamos a ninguna parte, este tipo de relaciones, tarde o temprano se acaban descubriendo y eso sería perjudicial para los dos.
Al final no llegamos a hacer el amor, la cosa quedó en muchos besos...los besos más tiernos que jamás he recibido...aún los saboreo.
Esa noche la pasé en vela, no podía dejar de pensar en tus besos y en el por qué no me hiciste tuya. Más tarde me enteré de que no querías que yo hiciera algo sin pensarlo bien.
Al dia siguiente fuimos todo el mundo al parque de atracciones, era lo que el programa de la excursión decía, y había que cumplirlo. La verdad es que lo pasé genial montando con mis amigas en todas partes, pero sin duda, la atracción que más me gustó, a la par que atemorizó fue la casa del terror. Mientras caminábamos por los laberintos oscuros noté que unas manos cogían las mías y me arrastraban hacia un rincón...Eras tú...me besaste, te correspondí, me derretía..
Sí, se que me reprocahrás que salí corriendo, pero ¿qué podía hacer? me dijiste que te estabas enamorando de mí, una cosa era la atracción sexual que sentíamos, y otra el amor.
Yo tenía 15 años cuando te conocí, tú 10 más, cuando pasó todo esto yo tenía 17. Esos dos años anteriores fueron estupendos, éramos excelentes amigos, ¡cuánta confianza teníamos el uno sobre el otro! nos lo contábamos todo, me aconsejabas cuando mi cabeza estaba confusa con temas amorosos, sabíamos que nos atraíamos, pero jamás imaginé que de verdad podía pasar algo entre nosotros. En mis sueños sí, ¿pero en la realidad? Lo siento, me daba miedo toda la situación y aunque en un año cumpliría la mayoría de edad, no podía permitir que sobre tí callera todo el peso y no era realmente justo.
Pasaron los días de la excursión, yo me escondía de tí porque pensé que sería lo mejor, si no nos veíamos, no caeríamos en la tentación, pero ¡estúpida de mí! no me dí cuenta de que el no verte era inevitable ¡tenías que darme clase!
En el instituto, te notaba distrído, no actuabas como siempre, buscabas mis ojos, pero yo no quería dártelos.
Un día, le pedí permiso para ir al baño al profesor de historia, tú estabas de guardia recorriendo los pasillos, pero yo no lo sabía. ¡Qué sorpresa la mía cuando te vi caminando de frente a mí! El pasillo se me hizo estrecho. Agaché la cabeza e intenté pasar por tu lado sin mirarte, pero mis manos nerviosas rozaron las tuyas al cruzarnos.
Volví a correr. Me encerré en el baño. Cuando abrí la puerta para salir, allí estabas tú, esperándome, me dijiste que era mejor que hablásemos, que te estabas muriendo sin mí. Te supliqué que me dejaras ir, que no podíamos iniciar una relación en esos momentos porque en el caso de que alguien nos descubriera, su vida se destrozaría, estaría marcado para siempre. Te daba igual, en verdad, nunca te había importado si alguien nos veía juntos o no, a parte de ser un excelente profesor, nunca escondías lo que sentías.
No pude más, tuve que besarte, lo necesitaba y por lo que noté, tú también.
Sonó el timbre de cambio de clase e hicimos como si estuviésemos hablando de algún tema del instituto para no levantar sospechas.
Cada día que pasaba nuestros encuentros se hacían cada vez más eróticos, pero nunca nos daba tiempo a hacer el amor, siempre había algo o alguien que nos interrumpía.
La gente empezaba a hablar, siempre que terminabas de dar clase, me llamabas para que me acercase a tu mesa y susurrándome decías " te quiero", y yo te respondía con lo mismo.
¿Te acuerdas de la primera vez que pudimos hacer el amor? fue en tu despacho. Me porté mal a caso hecho en una clase para que me echaran de ella y así ir a buscarte.
LLamé a tu pueta y entré. No esperabas a que quien llamara fuese yo. Te levantaste, miraste fuera, cerraste la puerta y empezamos a besarnos... Tiraste todos los papeles que había sobre tu mesa y me tumbaste en ella...¡madre mía! no es que yo anterior a tí hubiese practicado mucho sexo con otra persona, pero contigo fue alucinante. Supongo que todo eso lo trajo las ganas, el deseo, el morbo... pero siempre que pienso en aquella vez mi cuerpo se estremece.
Pasamos todo lo que quedaba de curso escondiéndonos para fundirnos cuerpo con cuerpo, por las tardes era muy difícil que nos viésemos a solas ya que yo tenía que trabajar y tú o tenías reuniones o tenías exámenes que corregir y cosas así.
Cuando terminó el curso, planeamos irnos de vacaciones. Yo ya había cumplido los 18 años, tú ya no eras mi profesor, y si nos veía algún conocido, no teníamos nada que esconder.
Aquel verano fue maravilloso. Estuvimos en la playa, luego en la montaña, hicimos turismo por ciudades desconocidas...
Pero el verano pasa muy rápido y yo tenía malas noticias para los dos. Tenía que seguir estudiando, era lo que quería, por eso trabajaba por las tardes, para poder pagarme la universidad, el tema estaba en que iba a estudiar en una universidad de Escocia, así perfeccionaría mi inglés y no me sería tan difícil aprobar todos los cursos.
No te hizo mucha gracia aquello y menos cuando te dije que sería mejor que la cosa quedara así, las relaciones a distancias son muy difíciles de llevar, y ambos teníamos que estar plenamente concentrados en nuestras tareas.
Dijiste que me ibas a esperar el tiempo que hiciera falta pero te dije que rehicieras tu vida, que encontrases a una chica que te quisiera, que tuvieses hijos, que fueses feliz, yo iba a estar mas de 4 años fuera y eso es demasiado tiempo.
En Escocia conocí a muchas personas, sobre todo chicos, de España, Italia, Alemania...y aunque tuve algunos idílios, por ninguno llegué a sentir nada. Podía tener encuentros más o menos fuertes, pero ninguno tan intenso como los que viví contigo.
Perdí el contacto contigo meses después de aquello, te añoraba, pero supuse que habías conocido a alguien y que te habías olvidado de mí.
Cuando volví a España, ya me había convertido en toda una mujer, aunque tú me hiciste creer que ya lo era, pero todos aquellos años en Escocia me fueron enseñando muchas cosas que apenas conocía.
Algunas de mis amigas se habían casado, otras estaban viviendo con el novio porque se quedaron embarazadas, otras se habían sacado la carrera y estaban trabajando, pero todas tenían algo en común, encontraron el amor verdadero y convivían con él. Yo, sin embargo, vagaba en busca de él, pero mi tiempo ya pasó.
Al mes de regresar, no pude aguantar más y fui al instituto en busca tuya. Me dijeron que no estabas allí ya, que al pasar el verano de hacía casi 5 años, habías tenido un accidente de coche camino al aeropuerto... No me detuve a escuchar más. Salí corriendo, llorando a lágrima viva dirección a tu casa, no podía creérmelo ¿ibas en busca mía? ¿fuiste capaz de abandonarlo todo por mí?
LLamé a tu puerta como loca, esperando a que me abrieras la puerta y descubrir que todo había sido una broma de mal gusto, pero no fue así, una mujer morena, algo mayor que yo abrió, le pregunté por tí sin reparar en quién era ella y me dijo que pasara.
Era tu hermana. Me contó que ella sabía todo lo nuestro desde un principio. Dijo que nunca antes te había visto tan feliz, tan enamorado, por eso te animó a que fueras a buscarme y sin dudarlo, lo hiciste.
Yo no podía parar de llorar, por mi culpa te había pasado todo esto, ¿por qué no dejé de verte antes de que pasase todo esto? ¿porque tuvimos que enamorarnos? ¿no podíamos haber seguido con la amistad y la cofianza?
Tu hermana me dijo que en ese momento se iba para el hospital, que solo había ido a tu casa en busca de algunas cosas tuyas. ¿Cómo? ¿al hospital? Resulta ser que no habías muerto, sino que estabas en coma...
Y ya es todo hasta aquí, nuestra historia, nuestros deseos y sentimientos contados con palabras.
Ahora estoy esperando a que despiertes, llevo más o menos una semana sentada a tu lado, cogida de tu mano, queriendo cambiar mi vida por la tuya. Los médicos dicen que, desde que llegué, están más optimistas con tu recuperación, tu cerebro va respondiendo a mis palabras, de vez en cuando tus impulsos nerviosos hacen que aprietes mi mano, y tu corazón late tan fuerte que retumba en toda la habitación...
Ya me quedaré contigo, ya nada puede impedir que estemos juntos, yo te abandoné una vez y he vuelto, no me abandones tú ahora, quédate conmigo, mi vida, quédate conmigo...
FIN

No hay comentarios:
Publicar un comentario